Confesión de mi primera tocata

Qué lástima que estas vacaciones las estemos pasando separadas. No soporto estar sola, acá en la costa sin vos, me hacés falta. ¡Te super extraño, Caro! Todavía recuerdo lo bien que lo pasamos estos últimos veranos pero ahora el destino quiso que veraneemos en diferentes geografías. Yo le rogué a mamá que te llevara pero nunca me dejó desde el primer momento. Yo sabía que con mis viejos, mi hermana grande y la menor íbamos a ser muchos si venías vos también, pero a fin de cuentas en otros veranos venía mi abuela, por eso tendrías que haber venido vos, que te lo merecés más.

Te cuento que aquí los días son espléndidos. El sol está muy fuerte y hace un calor agobiante, justo como me gusta a mí. Sólo llovió una vez e incluso ese día lo pasamos en la playa. Me hice amiga de unas chicas que veranean un una casa que está en la misma cuadra que la nuestra. Juana se llama la chica con la que más me hablo, es copada. A las otras a veces no las entiendo porque en vez de estar conmigo y Juana se la pasan coqueteando con los chicos del kiosco de la esquina. Qué putas que son.

Ay, Caro, cómo desearía que estuvieras aquí, tan solo para confesarte lo que he vivido esta semana. Vos bien sabés la afición de mis viejos al juego. Casi todas las noches se van al casino a gastar esa plata que después se quejan que les falta. Inés suele salir con el novio, quien llegó antes de fin de año acá a la costa, al centro, a la playa o a bailar, aunque terminan en casa antes de que vengan mis viejos de vuelta. Y mi hermanita, la pobre, duerme como una princesa. Yo supuestamente debería hacer lo mismo según mis viejos, porque con trece años todavía no me quieren dejar salir ni ir a bailar. Son peores que la policía. Por las noches, a veces invitaba a mi vecina o yo iba a su casa así estaba con las demás chicas, aunque me aburría, si no me quedo en casa. Desde hace unos días cuando me quedaba sola en la noche, con mi hermana durmiendo y yo en mi cuarto, solía escuchar que mi hermana y su novio llegaban entre risas disimuladas. Parecían llegar con prisa a casa. Generalmente no encendían las luces e iban directamente al cuarto de Inés. A veces se demoraban abajo dándose besos alevosos porque yo los espié una vez con mucho cuidado. Dentro de la pieza de Inés se aseguran de cerrar la puerta muy bien. La primera vez que se encerraron yo supuse que era para seguir besándose porque eso hacen los novios, ¿no? Sin embargo, no sabés lo que escuché, Caro, fue extrañísimo. Sigilosamente me acerqué a la puerta del cuarto y coloqué mi oreja dejándola pegada a la madera. No escuché nada por un rato. Pensé que se habían dormido pero no, ya que al rato volví a escuchar las risas de mi hermana y el sonido de lo besuqueos del novio. Por un momento me dio asco aunque no pude dejar de escucharlos. A pocos minutos escuché unos gemidos. Bastante fuertes por cierto. Me asusté mucho. Parecía que a Inés la estaban lastimando. Ante la repetición de sus quejas me impulsaron a entrar. No quería que la lastimaran y menos el novio. Después me arrepentí. Será que el silencio de la noche me acobardó. Mi hermana seguía gimiendo y ahora más que una queja parecía que le estaba gustando eso que el novio le hacía y que yo no alcanzaba ver. Detrás de la puerta, me animé a espiar por el cerrojo. Estaba todo oscuro, no se podía ver nada. Ahora los gemidos eran más sentidos, más fuertes. Alcancé escucharla decir: “Dale más, más, así, no parés”. Él también gemía pero no hablaba. Mientras tanto mi corazón no paraba de latir, se agitaba y no sabía por qué. Me excitaba estar espiándolos aunque no podía comprenderlo del todo. En unos segundos dentro de la habitación no se escuchó más nada, hasta que volvieron a hablar normalmente. Percibí que uno de ellos se dirigió a la puerta y tan pronto como pude escapé a mi cuarto.

Al día siguiente lo pasamos en la playa. Hacía un calor cercano a los cuarenta grados. Papá y mamá se lo pasaron debajo de la sombrilla aún con protector solar que apenas les alcanzaba para defenderse del sol. Mi hermanita estaba con ellos y visitaba el mar unas cuantas veces conmigo. Inés se quedaba tirada tomando sol esperando a que venga el novio a buscarla. No pasó mucho tiempo hasta que dijo sentirse mal, sentirse insolada y decidió volver a casa. Yo en ese momento había notado la actitud falsa de mi hermana. Sabía que estaba dando una excusa para verse con él.

Al rato, estando yo muy aburrida, le pedí plata a mamá y fui al centro a comprarme un helado y luego fui para casa. No quería volver a la playa ya que se estaba nublando. Al llegar parecía no haber nadie. Reinaba el silencio y todo estaba a oscuras, hasta que escuché algunos ruidos en el piso de arriba. Hice mucho esfuerzo para no hacer ruido cuando subí por la escalera de madera. Guiada por los ruidos no tardé en identificar la voz de mi hermana, que lejos de parecer aquejada sonaba divertida. En el pasillo encontré su traje de baño tirado en el piso, luego sus ojotas, las zapatillas del novio, todo haciendo un camino hacia el cuarto. Me escondí entre una planta grande y la cortina del pasillo. Ahí estaban los dos, él la tomaba por detrás, con sus manos en la cintura haciéndole fuerza al culo de mi hermana que se apoyaba contra el placard y lucía enrojecida y transpirada. Envueltos en la oscuridad sudaban gotas gordas mientras hacía el amor. Inés gritaba cada vez que la penetraban. Algunos de sus aullidos salían escupidos de su garganta con mucha fuerza, alcanzando un nivel profundo hasta morir ahogado con otra penetración. Nunca había visto algo así, con mis ojos y mi boca bien abiertos contenía la respiración mientras contemplaba la ardiente escena. Un cosquilleo recorría mi cuerpo en todas partes, especialmente en mi entrepierna, como nunca antes me había ocurrido. Y debo confesar que me gustó mucho.

Repentinamente él detuvo sus embestidas y descansó su cabeza sobre la espalda de mi hermana. Parecía exhausto. Ella se tiró a descansar sobre la cama, también muy cansada.

El sol comenzaba a caer. Faltaba tiempo para que mis viejos llegaran y yo bien sabía que mi hermana y el novio harían algo más. Simulé entrar a casa haciendo algo de ruido, exagerando un poco. Me preparé algo de comer y me puse a escuchar la radio a todo volumen. Ellos se percataron enseguida porque escuché un portazo. Intrigada por saber qué hacían subí a ver donde estaban. Se habían encerrado en el baño luego de asegurarse de que era yo quien había llegado. Mi ojo derecho se dirigió lanzado al cerrojo. No lo pude evitar.

Ellos seguían desnudos. Él sentado sobre el inodoro y ella le mamaba la entrepierna. Parecía muy dedicada. Para mi sorpresa, algo duro y firme se elevaba en su entrepierna. Ella acariciaba y chupaba esa carne erecta y creciente. Con el correr de los minutos se hacía más grande. A él le encantaba. Con sus manos la iba dirigiendo para gozar más. Luego ella le ofreció sus tetas, que él lamió salvajemente. Si me lo hubiera hecho a mí me hubiera dolido pero a ella le fascinaba, se ve que tenía experiencia. Se besaron un poco y a continuación se sentó sobre él. Comenzó luego a agitarse violentamente y allí me di cuenta de que se había metido esa porción dura y alargada, su pene, adentro de su vagina. Él la agarraba con sus manos de la cola ayudándola a balancearse sobre su cuerpo. Ambos gastaron tantas energías como placer recibían. No se por qué llevé mi mano a mi vagjna. Sentía la necesidad de tocarme, quizás para imitar lo que sentía ella.

Percibí que aquella zona de mi cuerpo estaba muy caliente y algo húmeda, sentí placer al tocarme viéndolos coger. Ellos suponían que yo seguía abajo, por eso abrieron la ducha y se ubicaron del bajo del chorro abundante de agua. Ahora él la penetraba brutalmente y ella gritaba como loca. Yo me tocaba, estaba a esa altura muy excitada. Ahora entiendo, Caro, cuando decías que te tocabas te mareabas y te morías de placer en aquellas veces que me contabas tus primeras masturbaciones. Y también recuerdo esa palabra que me enseñaste: orgasmo. Creo haberlo sentido en ese momento. Jamás me imaginé que el primero que tendría iba a ser mientras veía como cogía mi hermana.

Hoy es el último día de mis vacaciones. Seguro que en el finde nos vamos a ver y te voy a contar más detalles. Por ahora lo que te puedo confesar es que desde ayer, cada vez que puedo, me empiezo a tocar para volver a sentir aquel placer que empecé a disfrutar cuando a mi hermana la cogían. Parece que estoy siguiendo tus pasos Caros. ¿Te imaginás cuando conozcamos chicos, cuando tengamos nuestra primera vez? Ay, estoy entusiasmada. No veo la hora de verte.

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